Cómo vivir entre dos pasiones: el periodismo y la literatura

Cómo vivir entre dos pasiones: el periodismo y la literatura

Escribir con visión literaria en los periódicos y dotar de agilidad periodística mi narrativa han sido mis dos obsesiones, mezclar lo mejor de cada oficio

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Fotografía de Fernando Mendoza
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Eva Díaz Pérez escribe en la sección de Cultura de El Mundo Andalucía

En múltiples ocasiones me han preguntado qué llegó antes si el Periodismo o la Literatura. Yo respondo sinceramente que lo de ser periodista fue una estrategia para poder vivir, porque desde pequeña fui consciente del lugar en el que había nacido. Me recuerdo decidiendo ese camino de mi vida de forma increíblemente madura, a pesar de tener apenas diez años. Si no podía ganarme la vida escribiendo libros en un país que apenas leía, tendría que hacerlo de otra forma. Y lo más cercano me parecía que podía ser contar historias en los periódicos, en la radio o en la televisión.

No me fue mal. Tuve la gran fortuna de que se creara la Facultad de Ciencias de la Información justo el año en el que yo tenía que empezar una carrera. Aunque confieso que al principio me decepcionó, luego me di cuenta de que era una carrera que proponía una forma de mirar el mundo. Había clases de Historia, de Literatura, de Derecho, de Cine, de Sociología, de Pensamiento… Luego llegaron las prácticas en periódicos que incluso han desaparecido ya como el mítico Diario 16, que fue mi verdadera escuela y donde aprendí que un periodista debe ser un personaje incómodo con el poder y una persona dotada para la curiosidad.

Eva Díaz Pérez, en la redacción del periódico El Mundo donde trabaja
Eva Díaz Pérez, en la redacción del periódico El Mundo donde trabaja

Y, por fin, la Literatura. Como me ha ocurrido en tantas ocasiones la Literatura vino del Periodismo y dentro del Periodismo estaba la Literatura. Mi primera novela Memoria de cenizas surgió un día en el que fui a hacer un reportaje al Monasterio de San Isidoro del Campo en las afueras de Sevilla. Allí descubrí un fabuloso episodio sucedido en el siglo XVI que encerraba una buena historia novelesca: la existencia de una comunidad de monjes que practicaron en secreto la Reforma protestante y que fueron descubiertos por la Inquisición y quemados en varios autos de fe. Entre los que lograron huir estaban los primeros traductores de la Biblia al castellano, la famosa Biblia del Oso.

Recuerdo que aquella tarde en el periódico estaba muy nerviosa pensando en que esa historia se quedaba corta para un reportaje en el periódico. Necesitaba más. Necesitaba escribir una pieza de largo aliento. Había llegado el momento de la novela.
Al día siguiente comenzó una intensa tarea de búsqueda que yo siempre he relacionado con la del periodista de investigación. Buscaba datos sobre aquella historia sucedida hacía siglos. La técnica de documentación para rescatar una historia del pasado no es tan diferente a la de un reportaje en profundidad sobre un asunto de actualidad. La diferencia es que me llevó dos años de intensa búsqueda y ese tiempo de producción desgraciadamente está prohibido en los periódicos. La urgencia ha sido siempre una servidumbre del periodismo que no he podido soportar, pero es inevitable. Hay que conseguir ser riguroso, pero con rapidez.

Pero regresando a Memoria de cenizas tengo que admitir que, después de haberme sumergido durante dos años en una historia mal y poco conocida como es casi todo lo relacionado con las herejías, me encontraba con el gran y temido momento de comenzar a escribir una novela. Cuando estudiaba la carrera decidí escribir una novela que sucedía en Itálica, pero no pude. Saltaba de forma absurda de un capítulo a otro sin lograr tener una idea global de la historia. La novela es un género de madurez. Y aún no me había llegado el momento.

Fue finalista del Premio Nadal con su obra «El Club de la Memoria

Pero con Memoria de cenizas sí. Me di cuenta que sí podía sumergirse en la Sevilla del siglo XVI y en la mentalidad de gente que no temía miedo a morir en la hoguera por leer libros prohibidos. Así logré terminar mi primera novela. Luego llegaron otras en las que he intentado aunar mis dos pasiones: el Periodismo y la Literatura. Siempre digo que en el periódico intento llenar de Literatura mis textos, porque creo que eso será lo que salve el periodismo: la calidad de la escritura, el estilo de autor, la rigurosidad y el buen hacer. Pero también mi Literatura está llena de Periodismo con textos de agilidad narrativa que no suponen, por supuesto, renunciar al cuidado al lenguaje, a la calidad de página.

Hijos del Mediodía, El club de la Memoria –con el que fui Finalista del Premio Nadal–, El sonámbulo de Verdún o Adriático –con la que conseguí el Premio Málaga de Novela y el Premio Andalucía de la Crítica– han sido las siguientes. Y ahí continúo. Acabo de llegar de París, donde sitúo la siguiente novela, una historia que sucede en la Comuna de 1871. Desde hace un año estoy de nuevo sumergida en aquel tiempo para poder trasladar a los lectores cómo era aquella época y cómo pensaba la gente de aquel tiempo. Un intenso trabajo periodístico en el que luego entrará la Literatura.


Eva Díaz Pérez es periodista y escritora.

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